Entrevista a Francisco Vale, nacido en Viveiro (Lugo), Galicia, destacado empresario gallego, CEO de Unilusión y galardonado en febrero de 2024 con el XVII Premio Victoriano Reinoso por la Asociación de Empresarios Gallegos en Madrid (AEGAMA), presidida por Julio Lage quien, desde la prestigiosa entidad, destacó la trayectoria de Vale, un joven, que, a los dieciocho años, inició su mundo laboral como limpiador de cristales en rascacielos parisinos.
Dueño de un espíritu emprendedor y laborioso, ascendió hasta convertirse en el director general de importantes multinacionales de servicios y trabajar para marcas de renombre internacional como L’Oreal, Danone, BNP y Asca. Este hombre que sonríe espontáneamente y observa con sensibilidad, aplica la resiliencia, no solo para mejorar sino para construirse día a día como un emprendedor apasionado que busca siempre las “mejores estrategias” basadas en la comprensión de cada situación y, así, lograr el bienestar de su equipo, sin importar las dificultades del entorno. Actualmente, Vale ejerce como mentor y consultor internacional, liderando proyectos energéticos y de infraestructura en España y Marruecos.
Su historia se define por una gran visión sostenida por la estrategia empresarial, la formación continua y una profunda calidad humana en el mundo de los negocios, en el marco de haber incorporado ya hace años un modelo futurista-digital abierto a nuevas posibilidades profesionales y personales.
Es un honor entrevistarlo en su oficina de Madrid, junto a Julio Lage y, de este modo, conocer una historia que, construida con tesón, pasión y una mirada que abarca el interés por la inclusión, trasciende y deja un legado.

¿Qué recuerdos tiene de su ciudad natal, de sus raíces y de ese primer gran cambio siendo muy pequeño al dejar la tierra gallega junto a sus padres?
Viveiro, la ciudad donde nací, tiene un origen medieval y es la más importante de toda la comarca de A Mariña (La Mariña, en la provincia de Lugo). Su casco histórico aún se conserva y se puede apreciar un valioso patrimonio artístico que destaca los restos de una antigua muralla que resistió los ataques de piratas en el siglo XVI. Al caminar por sus calles, descubrimos vestigios adosados a algunas casas o en misteriosos pasadizos.
Mi vida cambió radicalmente a los ocho años, cuando mis padres emigraron a París. Mi historia no se forjó inicialmente en universidades, sino en el trabajo: estudié Formación Profesional y aprendí el oficio de delineante, dibujando planos de motores y casas aprendizaje juvenil que fue aportándome, a lo largo de la vida, un valor en cada nuevo escenario laboral.
¿Cómo fueron sus inicios en el mundo laboral? Su carrera no comenzó en una oficina como cualquiera, sino en las alturas de la ciudad Luz, donde imaginaba un futuro sorprendente…
Así es. Mis inicios fueron en los puestos más básicos limpiando cristales en los rascacielos de París, dentro de góndolas. Fue una etapa muy dura que marcó mi vida en La Providence, desde los 18 hasta los 25 años. Recuerdo que, en invierno, con temperaturas bajo cero, mis manos se congelaban y debía bañarlas en alcohol al agua para mantenerlas calientes: luego terminaban al rojo vivo. En cuanto al verano y bajo el reflejo del sol en el cristal, la atmósfera se transformaba en una especie de sauna y terminábamos con la cara negra por el calor. A pesar de todo, fui feliz en ese trabajo.
Tiempo después llegó la etapa en la que pude vender, ya que me ofrecían muchos edificios y contratos. Quienes eran mis colegas pasaron a ser mis colaboradores y así formamos un equipo formidable que logró un éxito total. Mi formación como delineante fue clave; podía leer planos de edificios en dos minutos, lo que me daba una ventaja enorme para hacer presupuestos. Debo la confianza y apoyo al señor Jorge Galitzín –que fue mi genuino “padre profesional”–; quien, a mis 42 años, me alentó a realizar un Máster en Gestión y Dirección de Empresas (ESCP-EAP), en el entendimiento de que sería mejor directivo y me abriría el espíritu de otras formas, enriqueciendo mis visiones. Luego, él apostó por mi liderazgo y, con el tiempo, pasé de ser cristalero a director comercial y, finalmente, director general de La Providence, una empresa que llegó a tener trece mil empleados bajo mi mando en el año 2000.
¡Siempre hay alguien que confía en nuestras fortalezas! ¿Cómo surgió la idea de incorporar la práctica del golf como una herramienta de liderazgo?
También fue idea de Galitzín; fue él quien se hizo cargo de mis cursos porque decía que en Estados Unidos los negocios se hacían en el campo de golf. Me gustó tanto que fundé el Club Partner, un club muy elitista cuyo modelo se basaba en que dieciocho empresas complementarias (como Sodexo, Canon y Securitas), invitaran a clientes a partidas de golf. Fue una combinación de crear comercio pasándoselo muy bien, uniendo lo útil con lo agradable.

Mientras llegan los ricos cortadillos, la historia de Francisco nos llevó al año en el cual se llevó a cabo la Copa del mundo de Francia…
Esta fue una época muy bonita colmada de la pasión que reúne a hinchas del mundo: en el año 1998 gané un contrato muy importante que involucraba a la Copa del Mundo de Francia y a todos los estadios. Y ahí sí que ya me dieron un… (pausa de dos segundos), ¡un diploma más! Existía una gran confianza al pensar que, si había ganado un contrato de esa magnitud, lo sabría gestionar.
Su vida profesional tiene un capítulo muy importante relacionado con la inclusión. Cuéntenos sobre la medalla al mérito social que recibió del Gobierno de Francia
Mi propia historia como inmigrante me llevó a tener una mirada que impulsara a la sociedad más desprotegida. De niño, yo era el que rellenaba los papeles de impuestos y seguridad social para mis padres y sus amigos porque ellos no hablaban francés. En el tiempo durante el que fui director, creé escuelas contra el analfabetismo: pensé que sería muy útil que los empleados inmigrantes tuvieran educación en la misma empresa con el objetivo de dignificar su trabajo; que los que limpiaban baños o cocinas se sintieran “embajadores”. Por esta iniciativa recibí el Premio de la Asamblea Nacional Francesa por la lucha contra el analfabetismo y una medalla al mérito social del gobierno francés, una medalla que, según me dijeron, solo el español Pablo Picasso, había recibido.
¿Cuál es su actual postura sobre la inmigración en Europa?
Recientemente he defendido a los migrantes en el Parlamento Europeo, lo que me he forjado en una personalidad, “producto de la inmigración”. Sostengo que debemos educar, reeducar y crear puentes, no amenazar con expulsiones. El incentivo a los jóvenes de diversos orígenes es fundamental para que, por esa vía inclusiva, ocupen puestos políticos y empresariales en pos de combatir el odio y el racismo.
Actualmente lidera un proyecto “faraónico” en Marruecos, uno de sus tres países queridos junto a España y Francia. ¿Cuáles son los pilares de este gran desafío?
En Marruecos he realizado muchos proyectos. Actualmente se está construyendo un nuevo puerto en El Aaiún (Laâyoune), la ciudad más grande del territorio no autónomo de Sahara Occidental, que será el más grande de África después de Tánger. Este es un punto estratégico para la carga de fosfato, un recurso del que Marruecos es el primer productor mundial. Mi tarea es ser el puente y coordinador para llevar empresas gallegas, como Ikasa de Ferrol y otras de San Cibrao, para que participen en esta obra histórica y faraónica, como la describes.
¿Qué otros aportes realizan, en el marco de esta obra, desde su consultora FVC (Francisco Vale Consulting)?
Marruecos es muy importante por su apertura hacia Europa y su cultura cercana que es fascinante. Desde mi consultora, proyectamos, en un futuro, que la legislación marroquí pueda adoptar modelos de eficiencia energética (CAEs) similares a los que se introducen en España. Para quienes no lo conocen diré que el CAEs es un Certificado de Ahorro Energético, documento electrónico que acredita de forma oficial una reducción en el consumo tras implementar medidas de eficiencia, una forma más, por cierto, de ser amigables con el planeta.
En este recorrido, no he dejado de pensar en el valioso legado que dejan hombres como usted en los jóvenes que imaginan su futuro y en la oportunidad de seguir su propósito en el mundo empresarial…
Mi mensaje para los jóvenes es que se puede llegar a cumplir los sueños -ser “alguien”-, aunque no se trate inicialmente de un alumno brillante, siempre que haya pasión, tesón y persistencia ante la adversidad. Se trata de “nunca bajar los brazos” porque los obstáculos se esquivan al mantener la convicción de que si un plan o proyecto no es exitoso hoy, seguro se logrará mañana manteniendo la visión propia.
¿Qué proyectos personales imagina realizar en algunos años?
Me jubilé oficialmente a los 62 años pero sigo como mentor y consejero. A los 70 quisiera “colgar las botas” y dedicarme a mis hobbies: mi barco en Galicia, la pesca y el golf. Siento un gran orgullo al haber formado “gladiadores” y “legionarios” dentro de mi empresa, en el marco de la promoción del personal interno a quienes me ha gustado motivar y ayudar a seguir el propio camino.

Patricia Ortiz
Contenido y crédito fotográfico: Patricia Ortiz
Delegada de la Asociación de Empresarios Gallegos en Madrid (AEGAMA)

